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preguntó el conde a su amigo, una vez en su habitación. ¡Me queda mi hija.

¡Diablo.

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murmuró el conde. Hasta la vista, dijo López.

Según la dirección que entonces seguía, don Melchor debía pasar a unos cien metros de él. Entonces, y dispénseme la pregunta, ¿cómo es que.

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Sí, dijo el prisionero con amargura, los mejicanos se acuerdan de sus antepasados los españoles, y en caso necesario saben echar mano del tormento. Loick no se hizo repetir la orden; saludó y se retiró, dejando solo al aventurero.

Entonces en todas partes alzaron tropas las ciudades para unirse al ejército libertador, la resistencia se organizó en grande escala, y algunos jefes de partida audaces comenzaron a recorrer el territorio en todas direcciones, haciendo la guerra por su cuenta y sirviendo a su manera la causa que abrazaban y que suponían defender.

De improviso una claridad inmensa iluminó aquella escena de carnicería, y en la colonia resonaron gritos de terror. En verdad que no. El piel roja era un hombre de veintiséis a veintisiete años, de estatura mediana, pero muy bien proporcionada; llevaba el gran traje de guerra de su nación, y estaba pintado y armado como para ir a una expedición.

¿Pero no conoce que lo que está diciendo es absurdo. ¿Quién sabe.

Puede, profirió Irzabal; pero cada cual hace lo que más bien le parece. Corría a escape tendido por medio de la pradera, ensangrentando con las espuelas los ijares de su caballo, que se encabritaba a impulso del dolor, profiriendo maldiciones ahogadas, y dirigiendo en torno suyo unas miradas tan feroces como las de una fiera cuando anda en busca de una presa.

Los merodeadores de fronteras acudían enfurecidos y anhelosos cual tigres sedientos de sangre. Allá iré a reunirme con Le aguardo, ¿Nadie más se acercará. Y precipitándose ambos y con la cabeza baja en medio de los iniciados, descargaron furiosamente sus armas a derecha y a izquierda y consiguieron abrirse paso.

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Por lo demás, el joven hacendero era un arca de misterios y sus acciones tan tenebrosas como su semblante. mis queridos amigos, velen atentamente y no se dejen sorprender.

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